Mis vecinos de Marte

Capítulo 1

 

Menos mal que aquella noche había refrescado, y mi mal humor también. Así que después de cenar, subí a mi habitación a ponerme el camisón, y tirarme en la cama a leer. Había luna llena, era una noche preciosa, con miles de estrellas. Era una noche tan especial que me quedé ensimismada un buen rato mirando al cielo desde la ventana. Pero entonces, de repente, algo llamó mi atención. Una luz rojiza, resplandecía en una de las ventanas de la casa de los nuevos vecinos. Mis ojos no alcanzaban a ver más, pero me pareció ver una sombra cruzar despacio, muy despacio tras una de las ventanas. Era una sombra enorme, sobrenatural, con varios brazos  que se movían desordenadamente como ejecutando un peculiar baile. Me quede aturdida, no podía reaccionar, hasta que la sombra desapareció. "Mañana me compraré unos prismáticos"- pensé. "Así podré vigilarlos de cerca".

Se lo tenía que contar a Esther, era un bombazo. Ella que siempre me decía que estaba  obsesionada, seguramente no se lo creería, así que tendría que invitarla a dormir para que lo viera con sus propios ojos. Antes de meterme en la cama, estuve observando a los vecinos un buen rato, pero ya no ocurrió nada más. Sólo podía tumbarme en la cama e intentar dormir.

Al día siguiente nada más levantarse, lo primero que hice fue coger el cerdito de barro que me regalo la abuela por mi cumpleaños, y lo tire con fuerza al suelo. Las monedas se esparcieron por toda la habitación.

   -¡¿Que es lo que esta pasando?!- Mi madre gritaba desde el  comedor.

   - ¡Nada mamá!, ¡Se me ha caído una cosa al suelo, pero no pasa nada!.

No le dije que se trataba del cerdito de barro, porque seguramente me preguntaría para que quería el dinero, y no estaba dispuesta a decírselo, claro.

Rápidamente recogí las monedas, y las puse encima de la cama para contarlas. En total tenía unas dos mil pesetas, más o menos. Serían suficientes.

Mamá, por supuesto, me dio permiso para que Esther viniera aquella noche a dormir, y fue la mejor noticia del día.

   -¡Estupendo!.- Gritó Esther. - No creo que mi madre me diga que no, todo lo contrario, esta noche tienen una cena y me parece que  querían llamar a mi tía, para que viniera a hacerme de canguro. Y que quieres que te diga, prefiero estar en tu casa que con mi tía. La pobre es tan sosa.

- Muy bien, pues nos vemos luego en la bolera, te tengo que explicar una cosa muy importante, no te lo vas a creer. Hasta luego.- Entonces colgué el teléfono. Me encantó dejar a Esther intrigada.

Aquella  mañana, me fuí con mi hermana Laura a la piscina municipal, allí me encontré con Pepo y Gimena que estaban tostándose al sol como dos lagartijas. Lo primero que hice, fue darme un chapuzón. Mi hermana se había encontrado con su panda de amigos. Lo que agradecí, así no me daría la lata en toda la mañana.

Pepo estaba tan guapo con su bañador negro, no quería aceptarlo, pero estaba pirrada por sus huesos. Según Esther, yo también le  gustaba a él. 

Me coloqué a su lado, y coqueta me tumbé en la toalla mientras abría un libro que encontré en una excursión al despacho de mi padre, sobre extraterrestres.

Pepo me miró extrañado. - ¿Encuentros con el más allá? Desde luego, que cosas más raras lees Lucía.

   - No creas, es super interesante, este libro explica casos, donde la gente a tenido encuentros con seres de otro mundo.

   - ¿ Y tu te crees esas cosas?.

   - Pues claro. ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza pensar que tu mejor amigo, o quizá tus simpáticos vecinos, aquellos que de vez en cuando organizan barbacoas para los amigos del barrio, pueden no ser humanos, si no seres extraterrestres con intención de invadir nuestro planeta?

- Pues mira, nunca se me había ocurrido. Pero ahora que lo dices, sin ir más lejos. Juan es un poco raro ¿no?.- Dijo Pepo bromeando.- Seguro que es de otro planeta.

Me molestó mucho su actitud, no me gustaba que se riera de mí, y menos de una cosa que para mí era tan seria.  Así que ni siquiera le contesté y me puse a leer el primer capítulo del libro con interés. El título prometía: Mis vecinos de Marte. Era justo el tema que me interesaba, en el capítulo se explicaba la experiencia de una familia que estuvo conviviendo con unos vecinos muy raros, eran tan raros que la familia decidió llamar a las autoridades para que los investigaran. Pero todo se estropeó cuando el cabeza de familia se  dejo entrevistar por una cadena de televisión.

Entonces, dos días después, los vecinos desaparecieron sin dejar rastro. ¿Casualidad?. No, ya que al entrar en la casa encontraron ropa y objetos que según las autoridades eran desconocidos en nuestro mundo. Eso me hizo pensar que podía estar pasando lo mismo al lado de mí casa, estaba convencida de que la familia Greco no era de este mundo, y tenía que demostrárselo a todos, a Pepo también.

Se estaba tan bien en la piscina, que me quede dormida bajo la sombrilla, hasta que la pesada de mi hermana me despertó para ir a casa a comer. Y es que Laura siempre tiene que molestarme cuando más a gusto estoy.