Ver aquellas manos sobre el teclado del piano me produjo escalofríos, manos delgadas, huesudas, de un color ceniciento.

   De repente la luz de mi linterna se apagó, y un chillido de mujer invadió todos los rincones de la vieja mansión.

   - ¡Vaya bobada de historia!- Dijo Gaby mientras apuraba su cubata.

- A mi me ha gustado, me ha dado miedo.- Aseguró Verónica conteniendo Su risa.

- ¡ Mira, mira, tengo los pelos como escarpias! –Luego explotó a reír contagiando a los demás.

Me sentía profundamente decepcionada. Yo pensaba que era  una buena historia. Poco imaginé la reacción de aquella panda de estúpidos niñatos.

     -  Francamente Teresa, te lo digo de corazón, no me extraña que no te publiquen nada. Estas historias ya no se llevan. Manos huesudas, gritos de mujer. Chica, ponle más...no sé, sexo por ejemplo, eso siempre funciona.

“Solo faltaba eso, Merche dándome consejos literarios. Y se llamaban amigos míos. Gusanos”.

Me estaban hundiendo con sus críticas. “¿Es que nadie se daba cuenta de mi talento?”.

Me dieron ganas de gritar que aquello no era cierto, que yo era una buena escritora, pero no lo hice. Solo podía ver sus caras deformes bailando ante mis ojos. Y sobre todo aquellas carcajadas, aquellas carcajadas me estaban volviendo loca. Entonces todo se oscureció.

 

La luz de la luna se proyectaba contra la pared de mi habitación. Alguien me había dejado allí, tumbada en la cama. Se escuchaba la música y los gritos de los demás en el piso de abajo, parecía que se lo estaban pasando muy bien, sobre todo después de humillarme como lo hicieron.

La verdad es que poco importaba ya. Había tomado una decisión, la decisión más importante de mi vida.

   - ¿Dónde esta mi libreta?- Susurré- A, si...aquí está.

Cogí la libreta de anillas, mi boli rojo, y mi linterna, y sin hacer ruido salí de la habitación, bajé las escaleras sigilosamente intentando pasar desapercibida.

Al llegar a la puerta principal, cogí mi anorak de la percha . Allí estaban Esther y Alfredo. Él la tenía acorralada contra la pared, besándola tan apasionadamente que no se enteraron de que yo estaba allí.

Salí de la casa, y arropada por la oscuridad de la noche me dirigí al garaje, donde cogí unos guantes que me puse al instante, un hacha, un martillo que me escondí en uno de mis bolsillos, y un Cutter.

     -   ¡ Se van a enterar, panda de analfabetos!

Me senté en el suelo de cemento del garaje, y enfocando con la linterna a la libreta empecé a escribir. Serian las doce de la noche más o menos, cuándo acabé de reventar a hachazos las cabezas  de Alfredo y Esther.

Los muy gilipollas salieron a tomar el aire y ver las estrellas. “Mira que se tiene que ser ñoño para hacer semejante estupidez.

Así lo anoté en mi libreta, también hice una descripción con pelos y señales de la cara que puso Ester al ver  la cabeza de su novio, rodar entre sus piernas. Resultó bastante cómico.

Gracias a Dios, nadie se había enterado de lo que estaba pasando. Tenían la música a tope, y como todos iban en pareja, era normal que desaparecieran por las habitaciones buscando intimidad, y eso me venía de perlas.

De cuatro parejas solo quedaban tres, dos en la sala de estar, bailando ajenos a todo lo que ocurría. Faltaban Merche y Juan. Así que serían los siguientes.

No iba a ser difícil encontrarlos, seguro que estaban revolcándose por ahí, como dos perros. Y no me equivoqué, mientras subía la escalera escuche los gemidos de Merche. Venían de la habitación de mis padres, los muy cerdos estaban follando en la cama de mis viejos, ¡Y eso no lo podía consentir!

La habitación solamente iluminada con la luz de una vela, dejaba ver la silueta del novio de Merche moviéndose rítmicamente, jadeando sin parar.

Me puse a cuatro patas, gatee,  y me  escondí debajo de la cama. Me quede esperando, y en el mismo momento que llegaban al clímax, salí de mi escondite, alce el martillo y descargué todo su peso sobre la cabeza del chico. Este por unos momentos se quedó tieso como un muñeco, con los ojos clavados en Merche. La sangre empezó a caer a borbotones por su frente, después se desplomó. Merche gritaba como una posesa intentando quitárselo de encima.

   - ¡Joder Merche, parece que te estén matando!- Gritó Pedro desde la sala de estar. Todos rieron.

Merche chillaba como un cerdo.

   - ¿No querías sexo? Pues toma sexo- Le dije mientras le cortaba con el Cutter allí donde pillaba.

Merche no dejaba de suplicar por su vida, y como empezó a aburrirme le di un hachazo en medio de la frente, su bonito pelo rubio quedó  teñido de la pegajosa sangre que salía de su herida. Y por fin murió.

Luego con tranquilidad, me senté frente la cama y plasmé la escena en mi libreta, tan solo me ocupó dos páginas explicar lo que había hecho, seguro que a Merche le hubiese gustado, incluso tenía sexo, como ella me sugirió.

Hasta ese momento había tenido la suerte de cara, pero ahora me faltaban las dos parejas de la sala de estar. Sería más difícil acabar con ellos. Podía intentar llamarles la atención de alguna manera, pero  seguramente vendrían todos juntos, así que lo descarte.

Como me estaba meando, fui al servicio. ¿Quién ha dicho que los asesinos no van nunca al lavabo?.

Fue  lo mejor que pude hacer, ya que a Verónica, y a Mónica también les dio un apretón.

Las dos intentaron abrir la puerta mientras estaba yo dentro.

   - ¡Ocupado!- Grité.

   - ¿Teresa, te falta mucho?- Gritó Verónica.

   - ¡No, ahora salgo!

En cuanto abrí la puerta, las dos se colaron corriendo, pegando saltitos nerviosos, aguantándose las ganas de hacer pis.

   - Yo primero, no aguanto más.

Verónica se bajo las bragas corriendo, y se sentó en la taza, fue entonces cuando se dio cuenta de mi aspecto.

   - Teresa, estas llena de sangre.....ti...tienes la ropa perdida de sangre.

Su cara se desencajo, la pobre no entendía nada, Mónica seguía mirándose al espejo.

   - Si, me he ensuciado un poco.- Dije mientras limpiaba lentamente el

Cutter en mi falda.

Verónica me miraba paralizada. Hubo un silencio que pareció eterno, hasta que Mónica se giró.

   - Bueno que ¿has acabado? ¿o me meo encima?

Entonces le rebané el cuello, y si, si que se meo encima. La sangre salió a presión salpicando los azulejos y el espejo.

Verónica se quedó sin respiración, quería decir algo, pero su voz no le respondía. Intentó incorporarse pero no le di tiempo, y corte su cabeza de un solo golpe.

El lavabo estaba hecho un asco. “Madre mía, mama me mata”.

Los chicos seguían en la sala de estar. Gaby estaba medio tumbado en el sofá, con un cubata en la mano y un porro en la otra. Hablaba  solo, y muy bajito gesticulando con las manos, pero no se le entendía nada.

Pedro tampoco estaba en su mejor momento que digamos, pero estaba lo suficientemente lucido para darse cuenta de que las chicas estaban tardando más de lo necesario.

Pedro se incorporó con dificultad del sillón orejero donde estaba sentado, casi perdió el equilibrio. Una vez derecho dio un largo trago a su cerveza, y eructo.

   - Voy a ver que hacen esas dos.- Levantó la mano y volvió a eructar.

“Menudo cerdo, tan finolis que parecía”.

Bueno, eran aproximadamente las tres de la madrugada, mis padres llegaban hacía el mediodía siguiente . La casa estaba desordenada y sucia, y  ya empezaba a estar un poco cansada, así que tenía que acabar la faena cuanto antes.

Tenía mi plan totalmente claro. Mataría a Pedro, y luego aprovecharía que Gaby estaba borracho como una cuba para hacerle cargar con el muerto.

Lo de Pedro fue más sencillo de lo que esperaba. Tan solo me limité a esperarle detrás de la puerta del lavabo, cuando entró le clave el Cutter directamente en el ojo derecho, murió al instante, no sin antes ver a su novia Mónica sentada en el suelo con el cuello rebanado.

Todo había acabado. Ahora solo faltaba poner en orden todas las piezas de mi plan. Sin pensarlo, cogí el hacha, el martillo y el Cutter, y me dirigí a la sala de estar. Hice que Gaby tocara todas las herramientas con sus manos desnudas. Incluso le hice un pequeño corte en un dedo, para que el cutter se manchara con su sangre. Gaby no podía moverse, y menos hablar así que no protestó. Luego le di un tirón de pelo, y le arranque unos cuantos. Más tarde los repartir por las manos y bocas de los cadáveres, para que pareciese que las victimas se habían defendido de su asesino. Entonces me cambié de ropa, cogí mi libreta y escribí en ella mis últimas impresiones. Me tomé mi tiempo, quería recordarlo todo bien, no quería que se me escapara ni un solo detalle de aquella noche.

Cuando acabé,  volví a la casa dispuesta a enfrentarme con Gaby. Y allí estaba  todavía tumbado en el sofá, aunque con signos de recuperación. Serían las cinco de la madrugada, hacia mucho frío.

    - ¡¿Verónica?¿Verónica?!

Nadie contestó.

   - ¡¿Dónde cojones estáis?!

   -Tan ordinario como de costumbre- Dije desde la puerta – Te voy a tener

 que lavar esa lengua con jabón.

   - ¡Hombre, pero si esta aquí nuestra Ágata Cristie de pacotilla! – Dijo Irónicamente.

En ese momento tuve que empezar a usar mis dotes de actriz. Le mire las manos y exclamé.

   - ¡¿Pero, que  es lo que has hecho? – Dije sollozando.

A Gaby se le borro la sonrisa de la cara al ver sus manos llenas de  sangre.

   - ¿Qué...que esta pasando?¿De quien es esta sangre?.- Gaby no entendía  nada, y su confusión fue en aumento cuando, le lance la cabeza de Verónica. Él la recibió. Supongo que creería que se trataba de una pelota, pero cuando se dio cuenta de lo que era en realidad, la dejo caer a sus pies.

Yo empecé a reírme sin poder evitarlo.

   - ¡Yo no he hecho nada malo! – Dijo llorando.

   -  ¿A si?¿y quien se lo va contar a la policía? ¿tu?. Ya vienen de camino ¿Sabes?, los acabo de avisar que un psicópata a entrado en mi casa se ha cargado a todos mis amigos y que yo estoy en peligro. ¿A quien crees que creerán?

Gaby estaba fuera de sí, se acerco corriendo con el puño  en alto. Me rompió la camisa. Podía oler su aliento de borracho.

   - ¡Asesina, embustera, estas loca si crees que voy a cargar con tus asesinatos!¡Me las vas a pagar!

De repente noté un dolor muy intenso en el abdomen, era tan intenso que me hizo doblar de dolor. Gaby me había clavado el Cutter. Mi plan había salido perfecto.

Mientras caía, escuche unas sirenas a lo lejos. Entonces perdí el conocimiento.

 

“Psicoparty la novela del año por Teresa Barrios “: Así rezaba el cartel de los grandes almacenes, donde aquella tarde tenía que atender a mis numerosos fans.

Me había convertido en una de las mejores escritoras  de terror de todos los tiempos. Esta era  mi quinta novela y no por ello la peor, al contrario mientras más escribía, más éxitos cosechaba. Pensaba muy a menudo en mis pobres amigos, y en que, gracias a ellos no estaría donde estoy ahora. Esta última novela esta dedicada a ellos. Chicos si me pudierais ver, estaríais orgullosos de mi. Por cierto Merche, en esta novela hay sexo, muuucho sexo. Como a ti te gusta.